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Un
día, hace ya diez años, recorriendo los
hermosos paisajes serranos, me enamoré de
este lugar. Tenía todo lo que alguna vez
soñamos: las sierras, el bosque y el cristalino
arroyo bajando del cerro.
Me dije: este es mi lugar, aquí viviré,
tendré caballos, vacas, gallinas, pavos,
etc., y tendré mi huerta. De la naturaleza
me autoabasteceré, estaré lejos del ruido
de la ciudad, pero a la vez cerca. De los
árboles frutales recogí sus frutos y comencé
a fabricar dulces y en el horno de barro
a cocinar el pan, me sentía Mary Ingalls.
Un día una amiga llegó a visitarme y me
comentó que de Buenos Aires llegaría un
grupo de scouts a vacacionar a Tandil y
le gustaría que conocieran mi lugar, aunque
ellos iban a un camping pasarían a
visitarme; había pasado una semana y estábamos
construyendo un par de baños rudimentarios
de troncos porque ellos querían quedarse
aquí..., y
así fue el comienzo; de tener una chacra
en la que iba a vivir con mi familia a compartir
mi lugar con gente que llegaba de distintos
lugares ávidos de naturaleza y paz. Hoy,
después de diez años, cuento con baños y
duchas con agua caliente y cabañas de troncos.
Hoy mi chacra es un camping, pero no un
camping convencional ni estructurado,
sigue teniendo el calor de una chacra de
campo y el trato familiar, tanto en el camping
como en las cabañas. No se prive de conocernos,
Tandil es un paraíso, usted se lo merece.
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